miércoles, 15 de octubre de 2008

17 horas despierto todos los días


Y así fue como todo comenzó. Comencé a viajar cada día de una ciudad a otra recorriendo el largo riel de tren, a través de montañas altas y grises de la sierra hasta bajar serpenteando por la vasta vegetación selvática del oriente peruano. Al principio, como en todo lugar donde se es nuevo, tuve que aprender los pasos a realizar, porque eso habría de hacer en las siguientes semanas.

Andaba con el cabello bien corto por aquel tiempo. Justo antes de viajar tantos kilómetros al sur de casa le pedí a mi madre que me hiciera un corte. Ese corte único que sabe hacerme mi madre cuando le pido el favor. Pensando en eso hace ya mucho que no me lo hace. Tras mis dos intentos últimos de tener la cola de caballo más larga de mi vida, pero el cabello enrulado no se hace cómplice de mi meta, ya que se hace pompón en mi nuca todas las veces.

Y así con el cabello corto, y mis orejas al viento, disfrutaba esas mañanas heladas. Era un frío delicioso, diferente, enamorador. La pampa de Anta aparece en el horizonte después de cruzar la estación de Poroy. Los pasajeros, adormecidos en sus asientos por el muy matutino viaje, disfrutan de café caliente o mate de coca. Era el momento de servirles el desayuno. Siempre aquel carrito al que llamábamos “truley” salía con nosotros, con los desayunos bien escondidos en su interior. Las sonrisas de los pasajeros por el gesto de atención era lo que alegraba esas mañanas, además del sol dorado en el oriente.

Fue muy raro para mí el tener que hacer el tan turístico “speech” a la salida y llegada de cada estación. Luego de cruzar Ollantaytambo aquel primer día, se me puso a prueba en mi habilidad de vendedor. La primera vez no vendí nada. Como suele suceder en todo lugar. Talvez fue que no tenía el suficiente conocimiento de los productos que veía por primera vez en mi vida, o que el nerviosismo me venció y los pasajeros se desanimaban en vez de animarse. Nunca había estado en aquella estación de Ollantaytambo, a pesar de haber vivido en la ciudad ancestral ya dos veces. Jamás había viajado en tren tampoco, ni una vez, hasta entonces.

Ollantaytambo sería mi cuartel y refugio en mis últimos días en el tren. Al ocaso y estertor de aquel tiempo feliz, aquel tiempo tan lejos de todo y de encuentro conmigo mismo. Una ciudad en medio de altos cerros. Y a lo lejos se ven las ruinas del mismo nombre. Incluso se puede oír el correr del río Urubamba. Y al mencionar esto, recuerdo la explicación que les daba a mis turistas sobre el significado del nombre: “Uru siginifica piedra, y bamba quiere decir río. Así que este es el río de piedras. Y es muy probable que los incas hayan utilizado esas piedras para hacer muchas de sus construcciones”. Me miraban embelesados. Era la magia de lo incomprensible. Lo esotérico de aquello que no tiene explicación y que consume al ser humano en busca de respuestas.

Otra vez subieron pasajeros. Era el último punto de embarque y ya no parábamos hasta Aguas Calientes. Aquí era donde el camino se convertía en un jardín inexplorado. El río a mi izquierda crecía conforme avanzábamos. La blanca espuma mostraba la fuerza con que el agua chocaba contra las rocas esparcidas en el cauce. Los compañeros de viaje, antiguos y experimentados tripulantes del vagón, me había ilustrado con relatos sobre derrumbes de los cerros que habían descarrilado trenes y matado pasajeros. Y que muchas de esas grandes rocas que aplastaron trenes fueron luego echadas al río, donde no estorbaran. Pensé en mi vagón partido a la mitad por una roca y me alegré de haber viajado a un extremo y no al medio.

En la ciudad que lleva el mismo nombre de las ruinas de Machu Picchu fue donde se acabó el paseo en tren. Había que descargar nuestras cosas. Botellas de vino que había que llevar con sumo cuidado. Las prendas de alpaca en una inmensa maleta. Los souvenirs del tren en otra maleta. Los termos de café. Las joyas de oro y plata. El mismo “truley” (que para mayor ilustración puedo decir que es el carrito que también pasan en los aviones). Y mi repertorio propio de golosinas y bebidas. Había que bajar el botiquín y tanque de oxígeno. La primera vez pensé que nunca acabaría. Luego ya fue costumbre y creo que una vez logré el récord de llevar todo en dos viajes.

Muchos chicos y chicas en la estación. Todos tan perfectos en sus uniformes. Me daba la impresión que yo era el que arruinaba la escena. Aquel día no volvería en mi tren de venida. La señora nos invitó a comer a mí y a Uriel, el otro chico nuevo. Ahora el pueblo estaba rodeado de montañas muy verdes y el sol sólo se notó a mediodía. Para lo que hasta ese entonces había vivido en mi Lima gris lo que pasaba ese día ya era un acontecimiento. Valía la pena el esfuerzo de la noche anterior y el desvelo de mis ojos pequeños, que ahora brillaban frente a los nuevos paisajes y nuevas caras. Despertarme todos los días muy de madrugada y acostarme diecisiete horas después ahora me parecería imposible. En esos meses fue como una regla inquebrantable. Era cansado, pero la curiosidad de ver los rostros de los pasajeros del día siguiente y de viajar con ese abrigo negro de piel de alpaca haciendo nuevos amigos de todo el mundo me eliminaba todo rastro de dejadez. El retorno aquel día fue después de un ligero descanso en un pabellón largo de estrechas camas. Hasta ahora recuerdo los días de diecisiete horas y el poco dormir de las noches. Pero esa historia será contada más adelante.

d.

11 comentarios:

Jorge F. Ayras Villanueva dijo...

mi querido huevo sin sal... me parece re good tu experiencia, vale xico io tambien viaje una vez en tren de huancayo a izcuchaca, un pueblo en huancavelica, para que pues... fue una experiancia muy buena... abrazos huevo sin sal

Manuel dijo...

El trayecto de Cusco a Aguas Calientes es de los mejores en los que he podido estar.
Trabajar 17 horas, me recuerda a mis épocas en PWC.

Anónimo dijo...

Mi pata el David!!!

Ahora si que te tas explayando, jajaja!!! Chevere que tes relatando todo lo que recuerdes, ahora no te me vayas a cansar xq' ta' bien interesante el relato bro.

Puedo ver que viviste una gran aventura compadre, bien por ti!!!

Cuzco es un sitio maravilloso y que hayas podido tener la oportunidad de estar allá tanto tiempo es algo único, varios que hemos viajado desearíamos habernos quedado un tiempo mas prolongado ya que hay mucho que visitar y apreciar.

Bueno bro espero sigas con el relato ya que aún me tienes en un "suspenso" por saber que se viene.

Bendiciones y un abrazo.

d dijo...

J: tendré que leer el alquimista, me gusta el título.
M: entonces no he sido el único, espero que te haya divertido como a mí, al menos.
A: Cuando me di cuenta que el post sobrepasaba una cantidad de párrafos nunca antes propasada lo tuve que cortar, no quiero postear posts muy largos. Así que sí, habrá continuación.

Gracias por su ánimo.

d.

Anónimo dijo...

hay cosas que nose si me sorprenden o me alegran. 1º Que aun sigas enumerando cada uno de tus posts. 2º Que Finalmente publiques tu nombre de pila como autor del blog. 3º Que en 2 dias hayas publicado lo que no hiciste en un mes. 4º Que recuerdes con tanta admiracion tu epoca en el tren. A veces me parece leer la composicion de un niño que entregara como tarea de Lenguaje, sin que esto signifique nada. Brodr, hay mucho de que hablar, escribir, leer, ver, etc. Suerte!

Anónimo dijo...

amiooo asuuu
este capitulo me gusto massss
ollantay tambo waooo sii es precioso de veraddd q chevreee
este capituloo fue regiioo buena con las orejasss jeje y con la cola de caballoo jajajajaja tranbquilo q tus rulos te quedan bien jijiji dtbbbb betsa

Anónimo dijo...

otra vess anoninmoo jejeje sorryy jiji

E. dijo...

Mi estimado D te dejaste extrañar... como que falta algo de tu calidez al escribir y tu talento dentro de este frio cibermundo... me alegra que hayas regresado y que sigas contando tus maravillosas anecdotas. Las cuales devotamente leo... Sobretodo por que tienes la cualidad de darle brillo a los lugares y personas de quienes hablas...
Siga escribiendo mi estimado bryce

d dijo...

J: ya te veré. en el colegio nunca hice tareas, será por eso.
B: como siempre me alegro que te haya gustado. un beso para ti.
E: sólo faltabas tú. ya te extrañaba. gracias por recibirme, yo también te recibo a ti.

abrazo a todos.

d.

Anónimo dijo...

mi daicid kinggggggggggggg!!
dios q bien scribes me conmueves sin encesidad de decir cosas muy sentimentales, es u forma de expresar too y nada
dios noc q decir. en cuanto al carrito, pues no conosco los de avion pero por alguna extraña raxon lo imaginno como el de harry potter =D hehe
MUAAAAAAAAAAAAAAA
tkm! =)

Jenny Escobar, Patricia Crispín y Fabiola Riofrío dijo...

Wuau!! no puedo creer q hayas tenido el pelo corto... es todo un shock O.O

Que bonito lo que nos cuentas d. Me gusta mucho como va ese estilo de ir enumerando y recordando... es interesante...

Hasta que por fín publicas, pero no te nos pongas vaguito y a trabajar más jejeje