
Al principio no tenía una cama propia. Tampoco la tuve en muchos días más. Y finalmente tampoco fue cama propia. Vivíamos, por esas horas breves y calurosas de Aguas Calientes, encamados en esos estrechos catres de pobres colchones viejísimos. Al principio dormía en la cama libre que hubiera. A veces hasta compartí media plaza con alguien más. En esos días todavía no conciliaba el sueño. Quizás por la adrenalina que me daba fuerza, o porque nunca había tomado una siesta a media mañana, o porque no soportaba esas camas duras ni los ronquidos ajenos.
El primer día no dormí en absoluto. Tampoco recuerdo haberme echado. Al ser un nuevo tenía que contar mi historia para deleite de todos esos antiguos ávidos por conocer mis orígenes antes de aceptarme como miembro del club. Traté de caerles bien, como todos hacemos al conocer nuevas personas. Pero como en todo lugar, no se le puede caer bien a todo el mundo. Siempre habrá un frente de oposición. De todas formas me concentré en mi audiencia atenta y amable y dejé los amargados para después.
Yo había llegado en el primer tren poco antes de las diez horas. El siguiente tren llegaba media hora después y el tercer tren (y último), proveniente de Cusco, una hora más tarde. En los buenos días cada tren corría con seis vagones. El primer tren con seis auto vagones y los dos siguientes con seis vagones cada uno arrastrados por sendas locomotoras.
Por la tarde me subí a mi vagón. Otra vez llevando la interminable lista de cosas. Al ser el hombre de la tripulación debía llevar lo mío y también lo de la señorita acompañante. El tercer miembro de la tripulación llamado “runner” y pronunciado “ráner” se desentendía de todo este ajetreo por un asunto de discriminación inversa. El equipo de runners estaba conformado en su mayoría por jóvenes autóctonos de la zona. La tez cobriza y el cabello lacio, los ojos medio rasgados, en promedio más bajos y de espalda más ancha. Casi todos dominaban el quechua como idioma, y siempre quise que alguno me enseñara a hablarlo yo también, pero no se pudo. El asunto es que nos guardaban recelo, y más todavía a los nuevos. Era yo, entonces, una amenaza. Así que traté de no enojar a la fiera y simplemente hice lo que tenía que hacer sin apelar a un espíritu de equipo que aún no había avivado por falta de oportunidad.
El retornar es muy diferente. Las personas que visitaban aquel día la ciudadela de Machu Picchu y regresaron conmigo por la tarde estaban notablemente cambiadas. Yo imaginaba el cambio en sus vidas. No fue sino hasta mucho después que yo mismo viví ese cambio en mi propia vida. Pero ahora puedo decir que volvían transformados. Habiendo marcado un hito que dividiría sus vidas para siempre en “antes de Machu Picchu” y “después de Machu Picchu”. Era un momento perfecto para refrescarles del cansancio con bebidas frías y una merienda dulce que acompañara ese momento feliz que se daba aquella tarde. El traqueteo del tren y el ocaso en medio de la jungla producía un adormecimiento que si bien era intenso en mí debe haberlo sido aún más para los pasajeros. Los minutos pasaban rápidamente conversando y finalmente llegamos a Ollantaytambo.
Luego de cruzar la estación me embargó un nerviosismo cuando mi compañera mencionó el “fashion show”. Era nuestro turno de actuar mientras ya los últimos rayos de luz tocaban las montañas y abandonaban las ventanas del tren. Íbamos a modelar las prendas de alpaca, y también de alpaca baby (léase “beibi”). Nuestro amigo el runner se transformaba para convertirse en un muy bien ataviado Qolla, habitante del altiplano. Él comenzaba el acto con su danza solitaria, dándonos preámbulo a nosotros para salir a la pasarela. Al compás de un mix musical de estilo electrónico fuimos caminando de un extremo a otro del vagón, tomando turnos y recibiendo aplausos. Posando para fotos también. Los más entusiastas eran los japoneses, siempre. La adrenalina se liberó, tanto para mí como para los espectadores. En parte, la música ayudaba. En el momento final aparecíamos los tres al frente del vagón para posar en una última foto. Volvimos a nuestro pequeño vestidor (el área de cathering) a uniformarnos tras la algazara prolongada del modelaje. Otra vez el “truley” se armaba, esta vez con las prendas de alpaca sobre él. Era el momento decisivo del día. Más tarde en la estación se comentaría con todos los demás tripulantes de otros vagones la venta de prendas y quedarían airosos aquellos con mayor cantidad de prendas vendidas. Así que todo el empeño que pudimos poner en vender, aunque fuera una mísera chalina, lo dimos. Aquel día no estuvo mal, para ser mi primer día. La noche ya había tomado posesión de toda la tierra a nuestro alrededor y a lo lejos se vislumbraban las luces tenues del Cusco, era momento de oír la melodía del clásico “Cóndor pasa”. Con las luces apagadas, la magia comenzaba a cobrar vida.
d.

11 comentarios:
Asi q has estado en el cusco,te llamas david??.. dejame decirte que tengo mis razones para k no me agrade muxo tu nombre, pero ya.. pasa.. ah y felicitaciones x haber estado en un lugar tan lindo aunq` nunca eh estado alli, algun dia ire. :) escribes bien ah, me siento una iletrada leyendo tu blog.. y no me importa jaja saludos D..
Quizá por eso antes mi nombre no figuraba. Espero que pase y me conozcas más y sepas que soy un único ser, diferente. Gracias por leer y comentar. Estás muy cordialmente invitada siempre.
d.
Oiga doctor, sus clases de inglés me recuerdan a las de el profesor de Inglés de Betty Toons. jejeje Que delicia disfrutar de los placeres de la hermosa ciudadela, yo no voy desde mi viaje de promoción de primaria y juro que tengo que volver a ir antes de morir o quedarme ciego, aquello que sea primero. Ya he visto tus fotos, están muy buenas, espero que sigas posteando en este mundo de blogs, bloggers y bloggones. Y si ves gringas wenas tomales fotos en el "Troley" (que raro sonó eso)
Tony
Volví para quedarme doc. Creo que podría ser un buen profe de inglés, ¿tú qué dices? La verdad nunca le tomé fotos a las gringas, enfermito no soy. Pero vale la idea. Un abrazo doc.
d.
gracias por la invitacion, esperaba leer una edicion tuya nueva, y digo edicion porque dejame decirte, que envidia me das cuando escribes¡¡ pero envidia de la buena eh, hay personas que tienen facilidad para escribir y otras como yo que tienen la facilidad de envidiar a los que escriben bien jaja ah y porcierto si todavia no es has visto mama mia, tienes que verla es bonita sobre todo porque hay dos canciones alli que son muy pegajosas, te la recomiendo , bueno pasara en otro momento por aqui, bye
Oh sí! Ir al cine y ver películas es lo que le hace falta a este pequeño muchacho. Lo haré, veré primero Mamma Mía ya que tú me la recomiendas.
d.
Muchísimas gracias por pasarte por mi blog.Me alegra saber que mis temas interesan a alguien y que no soy la única a la que se le pasan por la cabeza algunas cosas.
Respecto a lo del tema, pienso que toda persona merece que alguien crea en ella, pero desgraciadamente las cosas no siempre son así.
Gracias de nuevo por la visita a mi blog.Estás invitado cuando quieras.
Un saludo desde España.
*Martina*
Pd.Escribes súper bien, algo que no es muy común hoy en día.Enhorabuena.
aish cada ves q te leo escribir sobre "CUZCO" me dan unas cositas de saber q todavia ni conosco =(
pero espero q unos de estos viajes me decida y ojala tenga el honor de tener a mi lado al mejor guia..kien mas q mi "rulitos"!
tkmmmmmm..te lo abia dicho antes??
pues sino ya lo sabes!
Martina: Gracias por la visita. Me gusta leer tu blog también. Gracias por el comentario.
Nina: Me emocionó ver que siempre recuerdas pasar por aquí a visitarme. Al menos así nos acercamos un poco más. Ya iremos al Cusco muy pronto. Yo también te quiero y bastante. Ya lo sabes.
d.
El D!!!
Nuevamente captas toda mi atención al hablar de Cuzco, una ciudad "mágica" por así decirlo, me pareció excelente cuando mencionas la parte del “antes de Machu Picchu” y “después de Machu Picchu” ya que eso eso es algo que creo que le sucede a aquella persona que lo visita; es un momento único.
Bro, cada vez que escribes sobre lo que pasaste ahí en tus aventuras en el tren me sigues impresionando, que locazo debe de haber sido.
Bueno D, espero sigas con muchos ánimos y full memoria para que sigas escribiendo todo lo que viviste allá, bendiciones.
Jeje, es curioso saber que cada vez leo cosas respecto a Cusco me dan unas ganas muy grandes de volver, es de esos sitios de los que nunca te aburres.
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