sábado, 12 de julio de 2008

6 horas de sueño interrumpido


Hola. Quería saludarte. A veces creo que esto del blog lo hace ser a uno un poco impersonal. No quiero que sea así. Te tengo que contar lo siguiente, así que volvamos a concentrarnos...

S no volvió a mencionar lo del cabello nunca más, al menos hasta hoy. La vi y estaba radiante. Un poco temerosa y nerviosa. Yo me sentía tan cansado, después de la reunión de anoche en casa de M, que hoy ya no llegué a ir a la visita al museo del puerto y me perdí el tour dentro de aquel viejo submarino de guerra. De una guerra pasada e histórica. Una guerra que el submarino no peleó al final. Y por eso, al final, sigue ahí. De otra manera sería un destrozo más y una memoria perdida en el océano.

Y es cierto que existen memorias perdidas. No puedo escribir mucho de eso porque, al ser memorias perdidas, no las recuerdo. Hoy amanecí junto a E. Eso sí lo recuerdo a medias. Es que me desperté varias veces, y ya después no la vi. Fue como algo inconsciente. Cuando por fin llegué a mi casa había recordado poco a poco, y de principio a fin, todos los segundos de la noche anterior. Extenuante y al mismo tiempo emocionante. La vida es siempre a la carta. Se puede pedir lo que se quiera. No hay un menú establecido.

Llegué a casa con las ganas de dormir todo el día. No caí, felizmente, en aquella trampa. El cuerpo, a pesar del cansancio, siempre estará doblegado ante mí y mi voluntad. La voluntad, por eso, es la que me apoya a mí y a mis andanzas. Una ducha fría. Bien fría. Los cabellos caen sobre mi rostro. El agua corre junto a ellos. El estómago me alerta de la falta de alimento en el día. Ya es casi la hora novena. S me esperaría para almorzar juntos. Estoy tarde, contrario a lo ordinario. Logré llegar aunque sea un poco tarde. Ahí la vi. Me había prometido una sorpresa. Ni qué decir que las sorpresas me encantan y me enloquecen, y sospechaba algo como unas tijeras para que me corte los rulos. Sin embargo recordé que no debo sospechar nunca, así me enseñó M.

Almorzamos casi en silencio total. Yo estaba cansado como para hablar y el cuerpo me pedía el alimento ininterrumpido, así que la boca sólo masticó casi todo el tiempo y mis oídos escucharon todo aquello de lo que aún no estaba yo al tanto sobre S y sus andanzas. Me encantó la comida. Hacía tiempo que no probaba comida de verdad, cocinada con amor.

No teníamos mucho tiempo para más. Me sentí un poco mal de saber que estaría ahí unos pocos minutos. Me invitó a salir a caminar. Llevaba la sorpresa guardada entre sus brazos, empaquetada. Cuando al final me la entregó, y vi lo que era, sentí que algo fluía desde ella hacia mí, impregnado en ese regalo. Me lo puse. Un par de horas más tarde M se daría cuenta de ello. No hubo tiempo para mucho más. No dejé de pensar en ella y en su lindo regalo (no fueron las tijeras de pesadilla).

Hoy visité el cine de siempre, ya en la noche. No había pasado por ahí en fin de semana desde hacía mucho tiempo. Había olvidado las colas para ingresar a ver una película. Familias enteras aprovechando el descanso de todos sus miembros para ir al cine. Yo no tenía planes para esa noche, pero decidí acompañar a B, C y A, a ver una buena película. Como yo suelo hacer. Teníamos una hora hasta que la función comience, así que decidimos ir a caminar hasta que faltase poco. Mala idea. Al volver había una cola de las cien mil familias que habían ido a ver la misma película en el mismo horario. No puedo negar que sentí que la noche se había arruinado y que sufriríamos el castigo de la “línea del frente”, ver la película con el cuello torcido y el rostro mirando completamente hacia arriba a una pantalla que está casi pegada a tu nariz.

En realidad no fue así. Encontramos cuatro asientos juntos en la mejor línea de la sala. Fue realmente curioso que nadie se haya fijado en eso. Cosas de la vida. Quise disfrutar aquella película hasta el final, en una noche en la que todo se había arreglado para bien. Y lo hice. C y yo insistimos en ello. La otra C me llamó, pero fue muy tarde, ya estábamos dentro. Todo pasa por algo. Mañana continuará esta historia.

Me despido de ti con un abrazo.

d.

9 comentarios:

Manuel dijo...

El post lo sentí bastante "descriptivo".

Somos dos que después de días comen comida real, lo real siempre es mejor.

Anónimo dijo...

como que creciste avergonzado de tu cabello estas loko si tu cabello es lo q te identifica gran deivid y es tu personalidad aparte ami me encantaa que me encanta me reencanta pobre que te los cortes te las veras conmigo tkmm

d dijo...

Así es la vida, es como la historia del patito feo, algo parecido. No me los cortaré.

d.

24 dijo...

Personal... Impersonal... en todo caso -y espero que no se te haga costumbre- se hace mas estilo "diario" por asi decirlo. Lo que no esta mal si es que ese es tu objetivo. La verdad es que hay blogs de todo y porque no de la vida de Mr. DK no? Finalmente, y ahi va mi critica, creo que meter tanta historia de M, C, S, otra C y las veintitantas otras letras del abcdario... hace que tu blog, para los que no estamos dentro de ese circulo, sea algo "impersonal" de comentar... esperare al 7 en todo caso, abraço

d dijo...

Mi querido bro"d"r. Gracias por ese comentario. Comentarios así hacen que este blog mejore. Un abrazo para usted.

d.

One-Man dijo...

impersonal, personal, todo es relativo ... algunas son lo que son por la forma en que las vez.

Un dia entre tantos, capta una gran cantidad de diferentes esencias.

d dijo...

Gracias por el aporte hermano. Un abrazo.

d.

p dijo...

6 horas es bastante, las noches largas son... bueno, eso, largas, pero no temas ya tendrás bastante tiempo para descansar cuando la muerte te alcance. lo real estás malentendido... es mucho más que lo real real.. es "más real" jaja, creo que la falta de sueño me esta afectando un poquito...cdt, n_n

d dijo...

A mí también. Pero tu comentario sigue siendo real. Así es como la vida transcurre. Siempre. Un abrazo.

d.