martes, 15 de julio de 2008

8 minutos de parálisis


Todo el día había transcurrido de manera normal. Nada que alterase el correcto orden de las cosas. Nada fuera de lugar. Ningún momento nuevo o ajeno a mi historia. Pero como ya sabemos, en esta vida nada ocurre como se tenía previsto, ni como se esperaba, ni como queríamos.

Hoy había salido el sol, como ya es costumbre últimamente, a pesar de estar viviendo el invierno mediocre de esta ciudad. Me levanté en una cama ajena, como ya es casi costumbre mía en los últimos días, sobretodo por las vacaciones y la libertad adicional que eso significa. Comí bien, eso sí es raro, pero lo hice. Así que no era un día tan común.

Cuando por fin estaba llegando la hora de volver a casa me hallaba consiguiendo algunas cosas útiles para llevar conmigo hasta mi guarida. Rescaté un libro más para mi lectura diaria, y dos manuales interesantes de cosas que me gustaría saber. Digamos que, en verdad, las necesito saber.

Había acordado con mi padre que me recogería en un punto de encuentro cerca de la universidad. Algo tranquilizante y relajador, dado que en los últimos días me cansa mucho ir en el bus público. Él vino pronto y nos fuimos yendo por las pistas asfaltadas con rumbo norte. Un poco de música. Un poco de la típica charla del resumen del día. Luego incliné el asiento hacia atrás para cerrar mis ojos, y quitarme las gafas de mi nariz y orejas, con alivio.

La música clásica y vieja de fondo que tanto le gusta a mi viejo. El rumor suave del motor encendido que arrullaba mis sienes y el calor que me embrazaba poco a poco y cada vez más. La misma ruta de siempre. Los mismos saltos y baches. Las mismas quejas de mi padre, del tráfico y de las calles.

Sentí que al llegar a la autopista la velocidad a la que íbamos disminuía fuera de lo rutinario. Alcancé a observar con mi mirada súper miope muchos puntos borrosos de color rojo. Un atolladero en todo el tramo entre nosotros y la autopista, entre nosotros y el merecido descanso hogareño. Ya estábamos ahí, imposible dar marcha atrás. Pensé de la manera más positiva del mundo y me dije a mí mismo “todo pasa por algo, no reniegues ni siquiera en tu mente, vuélvete a dormir”.

Un silencio repentino, poco habitual de sentir en el auto, me hizo prestar atención otra vez a la realidad. El auto se había apagado. No puedo negar que se disparó la inseguridad en aquel domo cerrado, y que una discusión entre padre e hijo se desató. Yo mantenía mi posición de que era una negligencia por parte de él. Él insistía que no. Yo soy terco, él me lo enseñó. Ocho minutos en medio de la autopista y nos sumamos a los demás autos malogrados causantes de aquel embotellamiento. Y tanto que mi viejo se quejaba de la imprudencia de aquellos conductores, acabó él mismo en la mira de todos.

Lo único que atiné a hacer fue cerrar mis ojos y calmarme. No pensé en que llegaría tarde a casa. No quise pensar en el hambre que sentía, ni en el cansancio que llevaba a cuestas. Simplemente cerré mis ojos y en silencio pedí al Ser supremo que nos ayudara. No veía una manera posible de que saliéramos de aquel hoyo pronto. Pero aún así pensé que había alguna manera imposible de hacerlo. Al cabo de los ocho minutos el conductor de taxi que estaba tras nosotros en la fila se acercó y nos ofreció empujar el carro hasta una gasolinera. Nadie se lo pidió. Aún así era exactamente lo que necesitábamos. Me quedé mudo, no es que no lo pudiera creer, era que de verdad estaba pasando. No pensé que se me respondería tan rápido.

Estuvimos nerviosos durante todo el ciclo de empujones y frenadas en aquel embrollo desordenado, casi a punto de chocar algunas veces, avanzando lento pero agradecidos. Lo único que atiné a decir fue que era un milagro. El taxista nos dejó a 8 cuadras de una gasolinera y volteó en la última esquina para no salirse de la autopista. Mi padre no tuvo ocasión de pagarle el favor con dinero como lo había preparado en su mente. El impulso se iba acabando y tuvimos que empujar ambos para avanzar esas 8 cuadras que restaban. Fue divertido. Al menos para mí ya era algo divertido el haber salido de aquel aglutinamiento de autos y estar próximo a la estación de servicio.

Al final llegamos. Mi viejo estaba cansado. Yo no tanto. Quería demostrar que mi teoría era cierta, y que lo único que había detenido el auto era la negligencia paterna de no haber llenado el tanque cuando era prudente hacerlo. El hombre que nos atendió en la estación levantó el capote para ayudarnos a descifrar el misterio del auto que no avanzaba por sí solo. En efecto concluyó que se había acabado la gasolina. Yo guardé un silencio victorioso. El hombre hizo algunas maniobras luego, que yo observé detenidamente. Y por fin el motor encendió y el rumor tranquilizante llegó otra vez hasta mis oídos. Esta vez mi padre sí pudo agradecer el favor con una propina. Y arrancamos por fin hacia una casa nuestra, atravesando el distrito colonial lleno de casas viejas y altas de madera a ambos lados. Nunca me había demorado tanto en volver a casa, y nunca había presenciado tantos milagros de buena voluntad en la gente desconocida juntos en un día. Sólo creo que si miramos detenidamente, pasan mucho más a menudo de lo que creemos.

21 comentarios:

Manuel dijo...

Muy buen título para el post. Es curioso pensar que la otra vez critiqué lo descriptivo dle post. En este cayó como anillo al dedo, una prueba más de que todo es relativo.

d dijo...

Me demoré pensando el título. Pero es una parte vital del relato. Está bien criticar, es que las cosas corresponden de cierta manera a ciertas circunstancias. Y así es, todo es relativo. Un abrazo.

d.

p dijo...

n_n x un instante los imaginé a ti y a tu padre abordando aquel auto como en little miss sunshine... recuerdo akel vehículo, si es que sigue siendo el mismo, cuando m transportó del cole a mi casa, afortunadamente ese día si habia llenado el tanke xD

p dijo...

mi estimado (y creyente) david, (Ese dia descubri q t llamabas david, xq todos t deciamos moises pero tu papa t dijo david)... espera con tantas tangentes ya olvide lo q iba a decir... oh si... eres un cuentacuentos, deberias ser guionista o narrador, osea, ya lo eres, pero ahora q t paguen x ello ps n_n

d dijo...

Es cierto. ¿Recuerdos del colegio no? Es bueno tenerte cerca a ti P. De veras que es bueno refrescar la memoria. Y para esto sirven estos relatos. Era una tarde soleada, me acuerdo, como la de hoy. Una tarde eterna para los dos. otro abrazo.

d.

d dijo...

Gracias por esas palabras P. En verdad me emocionas. Un tercer abrazo no menos caluroso.

d.

E. dijo...

Mientras leia tu post senti como si hubiera estado en el asiento trasero... es mas.. creo que escuche un claxon... Muy buen post... eres muy descriptivo.... y me alegra saber que aun crees en milagros...

d dijo...

Gracias por la visita sorpresa E. Espero que te guste caminar por aquí y regreses a menudo. Deberíamos todos creer un poco más en los milagros creo yo. Existen en todos lados. Es grato saber que viajaste conmigo en el relato. Un abrazo.

d.

Ric dijo...

David, no puedo dejar de elogiar tu forma de escribir y vision de la vida. No sabia en cual de todos escribir, asi que me decidi por este, que es el ultimo.

Aunque no te conosca personalmente, mi mente ya recreo a un D xD! espero que no este lejos de la realidad.

Saludos
Ric

Anónimo dijo...

me encantó.. describe perfectamente la situacion real de todos los dias.. nada sale exactamente como lo planeamos o como lo tenemos en mente.. creo que eso es lo divertido del dia a dia :)

esta cancion describe el momento "hoy puede ser un gran dia" del maestro Joan Manuel Serrat

saludos..

Jenny Escobar, Patricia Crispín y Fabiola Riofrío dijo...

Realmente esta tan bien descrito que ia me imaginaba dentro del carro... hasta me imaginé que hubiera pasado si yo hubiera estado ahí X.X

Como es eso que antes te decían Moises jojojojo

Continúa con mucho ánimo proactivo

PD. Talvez seas la llama literaria... pero primero tienes que conocer a nuestras llamitas jojojo

Teyalistic dijo...

what a beautiful photograph!! it completely blew me away. the colors are so vibrant!!
x

d dijo...

Ric: Que bueno tenerte por acá con nosotros. Agradable visita. Espero yo también conocerte más y no decepcionar tu imaginación. Un abrazo.

Maité: Que bien que encontraste encanto en estas líneas. C’est la vie. Gracias por la canción. Un beso.

J: Que bueno despertar esa imaginación, gracias por eso. En efecto me decían Moisés. Pronto escribiré de eso. Gracias por el ánimo. Y oh sí! Yo quiero ser la llama literaria, y quiero conocer a las otras llamitas.

Teya: Yes, beautiful indeed, not mine though. It blew me away too. Another kiss to you.
x, and a hug, o

d.

Anónimo dijo...

Me haz hecho sentir (por favor no pienses mal) el fastidio del tráfico de las 6 de la tarde con las pistas rotas y los desvios que parecen estar poniendose de moda... pero me encanta el final, el Silencio Victorioso.
Sigue posteando y sigue avisandome cuando lo hagas;)

d dijo...

Siento agrado de hacerte sentir (no pienses mal). A mí también me gustó el final de la historia. Tuve una sorpresa agradable al menos. Gracias por los ánimos B (me confundiste con tu firma, no eres A, eres B). Un beso para ti.

d.

Anónimo dijo...

"La misma ruta de siempre. Los mismos saltos y baches. Las mismas quejas de mi padre, del tráfico y de las calles"
Describes un poco de la rutina diaria de todos, creo que eso es lo que lo hace tan interesante de leer. Encontrar lo "mágico", los milagros en la cotidianidad. Muy buen post!

Anónimo dijo...

me encanto!
me gusto la conclusion si es q es una conclusion..weno al menos para mi si lo fue y yo tb creo q existen esas cositas q te hacen creer q los milagros existen en cosas muy grandes como en pekenios detallitos!

d dijo...

Gracias A. Mi maestra y sensei de muchas cosas, buena amiga cuando busco consejos sobre esto o aquello. Y gracias por la visita, espero que siempre pases por aquí. Mi casa es tu casa. Un beso para ti.

Gracias C. Aunque hayas posteado como anónima. Me gusta que creas también en ciertas cosas. Basta con ver una sonrisa tuya para que me satisfaga. un beso también.

d.

Anónimo dijo...

de nada d. me puse A para continuar en la onda de las iniciales :D
Posts como los tuyos me dan ganas de crearme mi blog, tal vez un día de estos lo haga :)
Haré de ésta una parada habitual!

Anónimo dijo...

si ps en eso tienes mucha razon lo que nos mata a los peruanos ess la trafico de las avenidas siempre llego tarde a cualquier lugar por el trafico pero tb m encanto la idea de verte empujar el carro me lo imaginoo y solo me rio jejejej tkm manito a ya sabe miii historia o poema lo que sea

d dijo...

A: Gracias por esos ánimos. Espero estar leyendo pronto tu blog. Creo que serás una grandiosa escritora. Te espero siempre con la mesa servida.

A: VOy a pensar en lo que te debo para uno de los próximos posts. Y lo haré con muchas ganas.

d.